El bizcocho de la abuela

A veces, en mi casa, hago bizcochos de chocolate, manzana… Pero para hacerlos es necesario una base; es decir, que hay que hacer un bizcocho natural y luego echarle los complementos que tú quieras. Esta «base» me la enseñó mi abuela Angelines; si habéis leído el post llamado «La vieja travesura», pues es la misma.

Aquí está la receta:

UTENSILIOSBizcocho
1 Varilla
1 Bol
1 Recipiente para el horno
1 Batidora eléctrica
1 Espátula

INGREDIENTES
1 Pedacito de mantequilla
3 Huevos
1 Yogur
2 Vasos de azúcar
1 Vaso de aceite de girasol
3 Vasos de harina
1 Sobre de levadura
Complemento (chocolate, manzana…)

ELABORACIÓN
En un bol, echamos los huevos, el yogur y el contenedor del yogur lo utilizamos como vaso para el azúcar y el aceite. Batimos con la batidora eléctrica durante un par de minutos. Encendemos el horno a 200ºC. Después vamos añadiendo la harina y la batimos con la varilla. Tras el segundo vaso añadimos la levadura. Si queremos echar chocolate, manzana, o algún complemento, ahora es el momento. Una vez que está todo bien mezclado y sin grumos, lo echamos en un recipiente previamente embadurnado de mantequilla. Lo metemos al horno donde lo dejaremos 35-40 min. a 180ºC.
Una vez hecho lo podemos decorar con lacasitos, galletitas…

Espero que os haya gustado y que lo hagáis en casa.

La vieja travesura

Cuenta la leyenda que hace muchos, muchos años, cuando mi abuela era pequeña, ocurrió algo muy gracioso.

Ya era tarde, las diez de la noche y mis bisabuelos estaban acostando a mi abuela y a su hermano (mi tío abuelo). Se iban a ir al cine para ver la película más famosa en esos tiempos: “Lo que el viento se llevó”.  Una vez que mis bisabuelos se fueron, empezó la fiesta en casa.

Mi abuela cogió un colador y se lo puso en la cabeza como si fuera un casco; mi tío cogió una espátula y la usó como espada. Después de eso, mi abuela y mi tío se escaparon por la ventana. Mi tío le puso una bufanda a mi abuela en la tripita para que no se enfriara.

Cerca de su casa había unas casitas pequeñas, de madera. Eran las casas de los guardias que vigilaban el ayuntamiento. En el suelo había una pequeña hoguera. Mi abuela y mi tío se pusieron alrededor para calentarse. Mi abuela se puso a cantar; tenía la voz muy aguda, pues tenía cinco años y las voces de las niñas pequeñas siempre suelen ser así.

Un guardia que estaba cerca de ellos se acercó. Al parecer, el hombre les conocía. Era el compañero del Sr. Alfaro, padre de los niños. Los tres se empezaron a divertir. Desde lo lejos se oían grandes carcajadas.

Entonces mis bisabuelos caminaban por los montes que rodeaban esas casitas. Mi bisabuela oyó un canto. La que cantaba tenía una voz parecida a la de su hija Angelines. Cuando se acercaron, efectivamente, era ella. Mis bisabuelos les habían pillado. Afortunadamente, no les regañaron ni les castigaron. Mi bisabuela cogió en brazos a mi abuela, porque al ser pequeña, ya se estaba durmiendo. La casa estaba cerca y enseguida todos se metieron a la cama.